El creador de Napster vuelve y quiere componer música contigo

Dos décadas después de Napster, Sean Parker convierte una empresa al borde del cierre en una herramienta para crear canciones tarareando.

Hay regresos que parecen guion de película. El joven que a los 19 años puso patas arriba la industria de la música con un programa para compartir canciones gratis, ahora vuelve a ese mismo mundo, pero por la puerta grande y de la mano de las grandes discográficas. Se llama Sean Parker, fue cofundador de Napster y su nueva apuesta es que cualquier persona pueda crear música con inteligencia artificial, es decir, con programas que aprenden de miles de canciones para después componer sonidos nuevos.

La historia no va de ordenadores ni de laboratorios. Va de algo mucho más cercano: cómo se hará la música que escuchas en un vídeo de internet, en un pódcast, en el anuncio de un pequeño negocio o en la lista de reproducción que pones para concentrarte. Parker dice que esta vez quiere jugar con las reglas del juego, y ese cambio de actitud lo ha cambiado todo. Vamos a contarte qué está pasando, por qué las discográficas más poderosas del planeta lo apoyan y qué puedes ganar tú, aunque no sepas ni leer una partitura.

Del chico rebelde de la música al aliado de las discográficas

Para entender lo que está pasando hay que viajar un poco atrás en el tiempo. A finales de los años noventa, Sean Parker cofundó Napster, una plataforma que permitía a millones de personas compartir e intercambiar música gratis por internet. Para los usuarios fue una revolución: por primera vez podías conseguir casi cualquier canción sin pasar por la tienda. Para las discográficas fue una pesadilla que terminó en juicios y en el cierre de aquel Napster original.

El propio Parker reconoce ahora, en declaraciones al medio especializado The Information que recoge el texto original, que aquella estrategia de pedir perdón en lugar de pedir permiso no le salió tan bien. Aquella frase resume su juventud empresarial: avanzar rápido, romper las normas y luego afrontar las consecuencias. Dos décadas después, el discurso es el opuesto. Dice que esta vez quiere hacerlo todo con permiso, con acuerdos y con las bendiciones de la industria.

Y no son palabras vacías. Su nuevo proyecto dentro de la empresa Stability ha conseguido algo que parecía imposible en los tiempos de Napster: que Sony, Warner y Universal, las tres compañías que controlan la mayor parte de la música comercial del mundo, no solo lo apoyen, sino que pongan dinero e incluso dejen que sus catálogos de canciones se usen para enseñar a los nuevos programas. Para alguien que creció viendo a Parker como el enemigo público número uno de la música, la imagen de hoy es sorprendente: el antiguo rebelde convertido en socio preferente.

La empresa al borde del abismo que Parker quiere salvar

La segunda parte de la historia es la empresa que Parker está intentando transformar. Se llama Stability y hasta ahora era conocida sobre todo por crear imágenes con inteligencia artificial, es decir, programas a los que les pides una foto imposible con palabras y ellos la inventan. Esa fama no le evitó los problemas. Según cuenta la fuente, la empresa casi se hunde después de gastar más de la cuenta y de sufrir muchas tensiones internas, una situación que terminó con la salida de su fundador, Emad Mostaque.

Fue en ese momento delicado, hace alrededor de dos años, cuando Parker entró en escena. Participó en una operación de rescate de 80 millones de dólares para evitar que la empresa desapareciera. No llegó solo: lo hizo junto a su amigo de toda la vida Prem Akkaraju, que se convirtió en el nuevo director general, en el jefe que está al mando del día a día. Durante todo este tiempo, ambos han trabajado en silencio, sin contar mucho qué estaban preparando.

Ahora acaban de levantar el telón. La idea grande, explica Parker, es convertir a Stability en la empresa de referencia para los profesionales de la música que quieran usar inteligencia artificial. Ya no se trata solo de hacer dibujos o fotos falsas, sino de convertirse en una especie de caja de herramientas para músicos, productores y estudios. Es un giro completo: de estar al borde del cierre a querer liderar un sector nuevo.

Cómo funciona esta nueva fábrica de canciones

¿Y qué han construido en concreto? Según el texto fuente, la empresa ya ha lanzado tres nuevos programas de audio y un programa de edición de música asistida. Dicho en lenguaje sencillo: son herramientas que crean sonido desde cero y otras que te ayudan a retocar lo que ya tienes, como si fuera un corrector de textos pero para canciones.

Lo más llamativo para el público general es lo fácil que prometen ser. La inteligencia artificial puede generar pistas instrumentales completas, es decir, canciones sin letra ya terminadas, o fragmentos cortos, a partir de instrucciones escritas en lenguaje normal. Tú escribes algo como quiero una música tranquila para un vídeo de yoga al atardecer y la máquina te devuelve una propuesta. No necesitas saber tocar un instrumento, ni leer notas, ni contratar a nadie. Solo necesitas saber explicar lo que buscas.

Y lo que viene puede ser aún más intuitivo. Parker asegura que una próxima actualización permitirá tararear una melodía o imitar con la voz un ritmo de batería, como cuando haces bum-bum-chas con la boca, para guiar a la herramienta. Imagina que tienes una melodía en la cabeza mientras paseas al perro: la tarareas al móvil y el programa la convierte en una base con guitarra, piano o percusión. Para creadores de contenido, para quienes hacen vídeos cortos, presentaciones o incluso mensajes de cumpleaños originales, esto baja muchísimo la barrera de entrada.

Por qué las discográficas pusieron dinero y sus canciones

El punto que hace que esta historia sea diferente a otras de música creada por máquinas es el acuerdo con Sony, Warner y Universal. A finales de agosto, la empresa anunció una nueva ronda de financiación de 76 millones de dólares en la que participaron, entre otros, estas tres gigantes. Y no solo aportaron dinero: también dieron licencia de sus catálogos para entrenar a los sistemas, o sea, permitieron que sus canciones se usen como material de aprendizaje para que los programas entiendan cómo suena una buena canción.

Esto es importantísimo y conviene explicarlo sin tecnicismos. Estos programas aprenden como un estudiante de música: escuchando muchísimos ejemplos. Si solo escuchan canciones de mala calidad o sin permiso, el resultado será flojo y además habrá problemas legales. Si escuchan canciones profesionales, con autorización, aprenden mejor la estructura, los ritmos y los estilos, y además los artistas y las discográficas pueden recibir una compensación y tener un control sobre el uso.

Para la industria, apoyar a Parker es una forma de no repetir el trauma de Napster. En lugar de luchar contra la tecnología cuando ya es imparable, prefieren subirse al barco desde el principio y poner las normas. Para los usuarios, esto podría significar herramientas más fiables, con mejor calidad de sonido y con menos riesgo de que una canción que uses en tu proyecto termine bloqueada por una reclamación de derechos. No es un detalle menor si vives de publicar contenido en internet.

Qué cambia esto para ti aunque no seas músico

Aquí viene lo que de verdad importa para quien lee una revista para freelancers, creativos y emprendedores. No necesitas ser productor musical para que esto te afecte. Piensa en tu día a día: eres diseñadora y necesitas una música de fondo para presentar un logotipo a un cliente, tienes una tienda online y quieres un jingle corto para tus vídeos, haces clases de yoga por Zoom y quieres una base relajante sin pagar licencias carísimas, editas un pódcast y necesitas una cabecera que no suene a la misma sintonía gratuita que usan otros mil programas.

Hasta ahora, tenías tres caminos, todos con pegas: buscar música libre de derechos que suena genérica y repetida, pagar a un músico lo cual es ideal pero no siempre entra en el presupuesto de un autónomo, o arriesgarte a usar una canción famosa y que la plataforma te silencie el vídeo. Una herramienta capaz de generar pistas instrumentales originales a partir de una frase, y pronto también a partir de un tarareo, abre un cuarto camino: música hecha a medida, rápida y barata, pensada para tu proyecto concreto.

Eso no significa que los músicos vayan a desaparecer, todo lo contrario. La apuesta declarada de Parker es crear herramientas para profesionales, no para sustituirlos. Un compositor podrá probar ideas en minutos, un pequeño estudio podrá ofrecer maquetas a clientes sin alquilar instrumentos caros, una creadora podrá llevar a un músico una idea ya medio construida tarareada desde el móvil en lugar de intentar explicarla con palabras. El trabajo creativo no desaparece, cambia de forma: menos tiempo en tareas repetitivas y más en darle personalidad al resultado.

En el fondo, la moraleja de esta historia es muy humana. El mismo hombre que enseñó a toda una generación a descargar música sin permiso vuelve veinte años después pidiendo permiso y repartiendo beneficios. Si sale bien, ganan las discográficas, gana su empresa rescatada y, sobre todo, ganamos todos los que necesitamos música para contar historias sin ser expertos. La próxima vez que tararees una idea en la ducha, quizá no se quede en el olvido: podría convertirse en la banda sonora de tu próximo proyecto.